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domingo, 1 de febrero de 2009

¿Y LAS GUAGUAS?

¿Y LAS GUAGUAS?

ANTONIO GONZÁLEZ VIÉITEZ En los últimos meses un día sí y otro también se habla y se escribe de las guaguas. Es verdad que esa rabiosa actualidad ha existido en etapas anteriores a lo largo de las últimas décadas. Podemos recordar cómo los guagüeros fueron uno de los principales arietes en contra del "verticato" franquista a lo largo del duro y complejo proceso de Transición Democrática. También, cómo en las fases iniciales del primer y flamante Ayuntamiento democrático de Las Palmas, se municipalizó la pintoresca "Asociación Patronal de Jardineras Guaguas" y se constituyó la empresa actual.

Y por las cosas de la vida, las guaguas se convirtieron en una pieza de nuestro imaginario colectivo y en una seña de identidad de nuestra ciudad. Pancho Guerra, Pedro Perdomo, Manolo Vieira y tantos otros ayudaron a hacérnoslas más entrañables. Consiguiendo que todo lo que pase con ellas llame nuestra atención e interés.

Y ahora lo que se está debatiendo es su posible privatización. Y el Ayuntamiento nos ha dicho por activa y por pasiva que es un paso necesario porque, primero, la empresa arrastra una deuda enorme, segundo, la empresa es deficitaria en la actualidad y, tercero, se prevé que seguirá siéndolo si las cosas se mantienen como hasta ahora.

Y aquí aparece una primera cuestión relevante. Si la empresa está fuertemente endeudada y es deficitaria en su funcionamiento ¿cómo puede pensarse que una empresa privada pueda tener interés en comprarla? Y menos interés tendría si sólo pudiera adquirir un minoritario 49% que es el que públicamente ofrece por ahora el Ayuntamiento.

Por tanto, tendrá que haber algo más. Y lo único verdaderamente decisivo sería un compromiso decidido por parte del Ayuntamiento para modificar por completo las condiciones en que Guaguas Municipales realiza sus servicios. Y eso no se puede en ningún caso conseguir ni siquiera reduciendo la plantilla de trabajadores a la mitad. Porque el problema fundamental no es el de la masa salarial, sino el de la reducidísima velocidad de circulación de los vehículos y la admitida (tan tranquilamente) mala gestión económica de la empresa. Que, por supuesto, eleva los costes laborales unitarios y, sobre todo, hace que la inmensa mayoría de los ciudadanos de Las Palmas, los que pueden permitírselo, rechacen con vehemencia el servicio de Guaguas por lento e irregular y, por tanto, muy caro para el servicio que presta.

Y aquí aparece la segunda cuestión relevante para explicar la posible privatización, porque ¿qué compromiso puede hacer el Ayuntamiento para mejorar la fluidez del transporte público en Las Palmas? Y el único compromiso posible sería establecer un sistema radical de preferencias y prioridades de tránsito para las guaguas en los principales pasillos de tráfico de la ciudad. Y eso supone evidentes restricciones para los vehículos particulares y crear una importante conflictividad.

Y entonces viene la pregunta del millón. Si para hacer viable Guaguas Municipales hay que imponer una política restrictiva de tráficos en la ciudad y hacer eficiente la gestión de la empresa, ¿por qué decidir privatizar y no hacer todo eso como un servicio público que ya es? ¿Es que se tiene miedo (o desinterés) en hacer frente a los problemas y se prefiere quitárselos uno de encima? ¿Entonces para qué los Ayuntamientos? Nos basta una gestoría. Y la gestión se traga a la política con minúscula.

Por todo eso, la conclusión que se puede sacar de lo hasta aquí dicho, es que la privatización ni es condición necesaria ni suficiente para alcanzar la viabilidad económica de la empresa. Y mucho menos para establecer un servicio óptimo.

Veamos ahora el otro grave problema que es el del endeudamiento que, además, es creciente por el funcionamiento deficitario que acabamos de ver. Y este es un tema completamente distinto. Y lo único que está claro es que ninguna empresa privada está dispuesta a entrar y pagar la deuda que nos dicen se eleva a 34 meuros. Por lo tanto y en cualquier caso, ese déficit tendrá que saldarse con recursos públicos. Y eso implica, como mínimo, dos cosas. Una, que tiene que existir una voluntad decidida de no dejar hundir Guaguas Municipales por parte de todas las administraciones públicas concernidas. Porque entienden el transporte público como un elemento estratégico y estructurante que es necesario salvaguardar. Dos, que ninguna Administración Pública puede (ni debe) meter dinero a ciegas. Será imprescindible un Plan de Viabilidad en el que se incorporen, como mínimo, todos los elementos vistos. Y la inyección formalizada de dinero público requerirá garantías y chequeo continuo de la nueva empresa. Eso sí, teniendo siempre presente que este servicio genera externalidades positivas que tendrán que compensarse.

Queda por último otra cuestión que, en mi opinión, debería ser la última en plantearse. Se trata de la forma institucional que vaya a adoptar la nueva empresa y la forma en que se vaya a diseñar su política de transporte. Y hay algunas cosas evidentes, por lo menos para quienes desde hace cuarenta años apostamos por la insularización del transporte regular de viajeros. Situación ya alcanzada en todas las islas menos en Gran Canaria, donde todavía se da la dualidad Global-Guaguas. Pero la forma concreta para llevar a cabo esa insularización debería ser una cuestión de segundo orden. Recordando que nunca se debe colocar el carro delante de los bueyes.

Porque en Gran Canaria tenemos la suerte de contar con una empresa de transporte público regular de viajeros, Global, eficiente y de reconocido prestigio que puede actuar como socio con solvencia técnica demostrada para colaborar con Guaguas en la elaboración del Plan de Viabilidad para el transporte regular de viajeros en toda la Isla de Gran Canaria.

Por supuesto, hay varias formas en que todo esto puede cristalizar. Y las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas deberá sopesarse con frialdad y espíritu constructivo por parte de todos los afectados. Y hay una cosa del todo evidente, la nueva opción tendrá que ser completamente distinta de lo que hay en la actualidad. Porque tendrán que conjugarse, de una parte, los intereses colectivos, a mi juicio dominantes, de los ciudadanos de la Isla, de otro, los intereses de todos los trabajadores del sector, y también los intereses de los usuarios del transporte en vehículo particular. Y deberá elegirse la forma que aporte el mejor equilibrio ponderado entre los intereses en presencia.

En otro orden de cosas, la última propuesta del alcalde Saavedra, encaminada a comprometer al Cabildo y al Gobierno de Canarias, al tiempo que va dialogando con los trabajadores de Guaguas, me parece muy interesante. Siempre que quede claro que: 1).- El servicio público regular de viajeros es un elemento estructurante del urbanismo sostenible y de la calidad de vida de los ciudadanos grancanarios. 2).- Tiene que garantizarse la eficiencia de los recursos públicos invertidos en este empeño. Para lo que es imprescindible introducir una política de tráficos públicos preferentes allá donde sea necesaria.

Y dentro del marco de un Plan de Viabilidad discutido y acordado. 3).- La insularización y la gestión conjunta de todo el sistema aportarán ventajas evidentes para aprovechar economías de escala, eliminar duplicidades, disminuir la duración de los trayectos, incorporar motores menos contaminantes… Y a la postre, generando un servicio público eficiente que estimule a los ciudadanos a utilizar el transporte público colectivo.

En mi opinión, ahora lo urgente es todo esto. El tren debería ser, en su caso, otra historia para otro momento.

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